El almacenamiento energético no solo garantizará la estabilidad y la seguridad del suministro, sino que se convertirá en una infraestructura esencial para hacer posible una transición energética más limpia, eficiente y sostenible, según DNV
El almacenamiento de energía mediante baterías (BESS, por sus siglas en inglés) ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en una pieza esencial del nuevo sistema energético global. Impulsado por el crecimiento de las energías renovables, especialmente la solar, el sector vive una expansión acelerada que está transformando la forma en que se produce, almacena y consume la electricidad.
Según el informe Energy Transition Outlook 2025 de DNV, hacia mediados de la década de 2030 aproximadamente la mitad de las nuevas instalaciones solares en el mundo estarán asociadas a sistemas de almacenamiento, una cifra muy superior al actual 6,6%. La razón principal es que la electricidad generada por la energía solar no siempre coincide con los momentos de mayor demanda. Las baterías permiten almacenar la energía producida durante las horas de máxima radiación y utilizarla posteriormente, especialmente en los picos de consumo vespertinos, aumentando así la eficiencia y la rentabilidad de las instalaciones.
Solar más almacenamiento, la solución más eficaz
Este cambio responde también a la creciente electrificación de la economía. Sectores como el transporte, la edificación y parte de la industria están sustituyendo progresivamente los combustibles fósiles por electricidad, lo que incrementará notablemente la demanda energética en las próximas décadas. “En este escenario, la combinación de energía solar y almacenamiento aparece como una de las soluciones más eficaces para garantizar un suministro limpio y estable”, dice Jason Goodhand, responsable de Almacenamiento de DNV.
La reducción de costes constituye otro de los motores fundamentales de este crecimiento. Tanto la energía solar como las baterías han experimentado importantes descensos de precio gracias al aumento de la capacidad de fabricación y a las economías de escala. “En el caso del almacenamiento, la expansión del mercado del vehículo eléctrico ha sido decisiva, ya que utiliza tecnologías similares de baterías de ion-litio, favoreciendo el desarrollo industrial y la reducción de costes para aplicaciones estacionarias”, explica Goodhand.
Además, la limitada capacidad de conexión a las redes eléctricas en numerosos mercados ha impulsado una estrategia cada vez más frecuente: añadir sistemas de almacenamiento a las plantas solares ya existentes para maximizar el aprovechamiento de las infraestructuras disponibles. Mientras persistan las restricciones en el acceso a la red, esta tendencia seguirá ganando peso.
Sin embargo, el rápido crecimiento del almacenamiento también plantea importantes desafíos. Uno de los principales es la financiación. A diferencia de otras infraestructuras energéticas que cuentan con ingresos relativamente predecibles, los sistemas de almacenamiento suelen depender de mercados eléctricos en los que los precios fluctúan de manera considerable. Esta volatilidad dificulta la obtención de financiación bancaria y obliga al sector a desarrollar nuevos modelos de contratos y estrategias de cobertura que aporten mayor estabilidad a los ingresos.
Los expertos consideran que, con el tiempo, surgirán mecanismos estandarizados similares a los contratos de compra de energía que impulsaron el desarrollo de la energía solar y eólica. La consolidación de estos modelos será clave para sostener la expansión del almacenamiento a gran escala.
Más allá de su valor económico, las baterías desempeñan un papel estratégico en materia de seguridad energética. Los sistemas eléctricos con una elevada penetración de renovables necesitan mecanismos de flexibilidad que compensen la variabilidad del sol y del viento. Sin almacenamiento suficiente, muchos países continúan dependiendo de centrales de combustibles fósiles para cubrir los periodos de baja producción renovable, quedando expuestos a la volatilidad de los precios internacionales y a tensiones geopolíticas.
Vulnerabilidad de los sistemas energéticos
Los acontecimientos recientes, desde la guerra en Ucrania hasta las tensiones en Oriente Medio y las perturbaciones en los mercados mundiales del gas, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas energéticos excesivamente dependientes de combustibles importados. Frente a ello, la combinación de generación renovable local y almacenamiento ofrece un modelo más resiliente, con costes más previsibles y menor exposición a factores externos.
No obstante, la expansión del almacenamiento también abre nuevos retos tecnológicos y regulatorios. Según Goodhand, “uno de ellos es la ciberseguridad. Los sistemas de baterías son, en esencia, dispositivos electrónicos gestionados por software y, en muchos casos, conectados a la nube. Esto obliga a prestar especial atención al origen de los sistemas de control, a la protección de los datos y a las posibles vulnerabilidades frente a ataques informáticos”.
Los operadores y promotores, en su opinión, deben adaptarse además a un marco regulatorio en constante evolución. “Algunos compradores ya están optando por sistemas de gestión energética desarrollados por terceros, en lugar de depender exclusivamente de las soluciones ofrecidas por los fabricantes de equipos. Países como Estados Unidos, Reino Unido o Australia están marcando el camino en la definición de estándares y buenas prácticas que probablemente se extenderán a otros mercados”.
A nivel regional, Asia-Pacífico continúa liderando el crecimiento del almacenamiento energético. China se mantiene como el actor dominante gracias a sus políticas de apoyo, la rápida expansión de las redes eléctricas, el despliegue masivo de energías renovables y una poderosa industria nacional de fabricación de baterías. India emerge también como uno de los mercados con mayor potencial, impulsada por el auge de la energía solar.
Australia, por su parte, se ha convertido en uno de los mercados de almacenamiento más dinámicos del mundo. Su elevada penetración de energía solar y un diseño flexible del mercado eléctrico han convertido a las baterías en un elemento prácticamente indispensable para integrar nuevas instalaciones renovables.
En América Latina, Chile destaca como un caso paradigmático. El país ha logrado impulsar el almacenamiento sin recurrir a grandes subsidios públicos. Sus abundantes recursos solares, junto con la limitada interconexión con otros sistemas eléctricos, generan diferencias de precios muy marcadas entre las horas diurnas y nocturnas, creando un entorno especialmente favorable para la rentabilidad de las baterías de larga duración.
Mientras tanto, Oriente Medio vive una rápida expansión de proyectos solares asociados a almacenamiento, favorecida por la disponibilidad de terrenos, el acceso a capital y menores obstáculos administrativos. Algunos de los proyectos más ambiciosos del mundo se están desarrollando en esta región, con el objetivo de suministrar energía renovable de forma continua durante las 24 horas del día.
En África, las baterías cumplen una doble función: facilitar el despliegue de la energía solar y reforzar redes eléctricas que, en muchos casos, presentan limitaciones estructurales. El almacenamiento contribuye así a mejorar la estabilidad y la fiabilidad del suministro eléctrico.
Obstáculos
Pese al optimismo del sector, persisten obstáculos como los retrasos en la conexión a la red, la incertidumbre sobre los ingresos futuros y las dificultades de suministro de componentes esenciales, desde baterías hasta transformadores. A ello se suma la necesidad de comprender mejor el comportamiento de estos sistemas a largo plazo, su degradación y las mejores estrategias de operación para maximizar su vida útil.
Las previsiones de DNV apuntan, sin embargo, a un crecimiento extraordinario. La capacidad mundial de energía solar y almacenamiento podría multiplicarse por cien antes de 2049, consolidando a las baterías como uno de los principales mecanismos de equilibrio de los sistemas eléctricos dominados por energías renovables.
En este nuevo escenario, el almacenamiento energético no solo garantizará la estabilidad y la seguridad del suministro, sino que se convertirá en una infraestructura esencial para hacer posible una transición energética más limpia, eficiente y sostenible a escala mundial.
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