La CFE planea tres torres termosolares en Baja California Sur. La tecnología guarda el calor del sol en sales fundidas, pero su historial es irregular
Los paneles solares tienen un límite evidente: cuando el sol se pone, dejan de producir electricidad. Para seguir abasteciendo de noche hacen falta baterías u otras fuentes de energía. Pero existe otra forma de aprovechar el sol que resuelve ese problema de manera distinta: en lugar de convertir la luz directamente en electricidad, la transforma en calor y lo guarda para usarlo horas después.
Esa tecnología, conocida como energía solar de concentración o termosolar, es la que México planea usar por primera vez a gran escala con torres centrales. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) anunció la construcción de tres torres termosolares en Baja California Sur, que en conjunto sumarían unos 150 megavatios hacia 2030.
Cómo funciona una torre solar

El principio es sencillo, aunque su ejecución es compleja. Miles de espejos, llamados helióstatos, se distribuyen alrededor de una torre central. Cada uno se mueve a lo largo del día para seguir al sol y reflejar su luz hacia un receptor ubicado en lo alto de la torre. La concentración de toda esa luz en un solo punto genera temperaturas muy elevadas.
En el receptor circulan sales fundidas, una mezcla de sales que, al calentarse por encima de los 500 °C, se vuelve líquida y puede almacenar grandes cantidades de calor. Esas sales se guardan en enormes tanques aislados. Cuando se necesita electricidad, el calor se usa para producir vapor, que mueve una turbina conectada a un generador, como en una central térmica convencional.
La gran ventaja es que el calor puede almacenarse durante muchas horas con pocas pérdidas. Según la CFE, el sistema previsto en México permitirá generar electricidad durante hasta 15 horas seguidas, lo que garantizaría el suministro durante la noche, especialmente en verano, cuando la demanda es más alta.
Por qué en Baja California Sur
La elección del lugar no es casual. Baja California Sur es una península con muchísimas horas de sol al año y, sobre todo, un sistema eléctrico aislado: no está conectada a la red nacional de México. Eso obliga a generar casi toda la electricidad localmente, en gran parte con combustibles fósiles, a un costo alto. Según datos citados por la prensa mexicana, la electricidad en la península puede costar entre 2.500 y 3.000 pesos por megavatio hora.
Las torres darían servicio a los municipios de La Paz y Los Cabos, dos de los centros urbanos y turísticos más importantes de la región. Las dos primeras se construirían cerca de La Paz, y la tercera en Ciudad Constitución, en el municipio de Comondú.
El proyecto fue presentado inicialmente en agosto de 2025 por la presidenta Claudia Sheinbaum, la Secretaría de Energía y la CFE. En ese momento se hablaba de dos plantas de 50 megavatios cada una, con una inversión estimada de 800 millones de dólares y una autonomía de hasta 11 horas. El anuncio más reciente amplía el plan a tres torres y 15 horas de almacenamiento, aunque no se conocen todavía nuevos detalles de costos.
Una tecnología con altibajos

Las torres termosolares existen desde hace años en varios países, pero su historial es irregular. En el continente americano, uno de los ejemplos más conocidos es Cerro Dominador, en el desierto de Atacama, en Chile, que entró en operación en 2021. Tiene 110 megavatios, unos 10.600 helióstatos, un receptor a 252 metros de altura y capacidad para almacenar energía durante 17,5 horas. Sin embargo, según analistas citados por la prensa mexicana, la planta enfrentó problemas técnicos con sus tanques de sales.
No es un caso aislado. En Estados Unidos, la planta Crescent Dunes, en Nevada, también basada en sales fundidas, sufrió una fuga en uno de sus tanques poco después de comenzar a operar y estuvo fuera de servicio durante meses. Las temperaturas extremas y los ciclos de calentamiento y enfriamiento someten a los materiales a un enorme estrés, y eso puede provocar fallas costosas.
El otro desafío es económico. En la última década, el precio de los paneles solares y de las baterías cayó tanto que, en muchos lugares, combinarlos resulta más barato que construir una central termosolar. Aun así, algunos proyectos han logrado costos competitivos. En Dubái, el complejo Noor Energy 1 combina una torre solar con otras tecnologías y alcanzó precios de unos 74 dólares por megavatio hora, según datos citados por analistas mexicanos.
Una apuesta con sentido, pero con riesgos
Para los especialistas, la apuesta tiene lógica en un sistema aislado como el de Baja California Sur, donde la electricidad es cara y no hay forma de importarla desde otras regiones. Pero advierten que fuera de la península sería difícil justificar económicamente esta tecnología, y que el éxito dependerá de cómo se diseñen y mantengan las plantas.
Si funciona, México se sumará al pequeño grupo de países del continente con torres termosolares de gran tamaño. Y demostrará que, con la tecnología adecuada, la energía del sol puede seguir llegando a los hogares mucho después del atardecer.
Por Romina Fabbretti
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