El esquema permite producir electricidad cerca del consumo, inyectar excedentes a la red y reducir presión al sistema eléctrico, pero su expansión depende de certidumbre regulatoria y redes más robustas.
Durante casi dos décadas, los paneles solares en techos avanzaron en México como una solución marginal, impulsada más por iniciativas individuales que por una política energética claramente estructurada. Hoy, ese mismo esquema se coloca en el centro de una meta ambiciosa: duplicar su capacidad instalada en apenas cuatro años.
Como parte de los objetivos de sostenibilidad, transición energética y mayor incorporación de energías limpias, la Secretaría de Energía (Sener) considera que la generación distribuida podrá duplicar su capacidad en 2030 respecto a lo registrado en el primer semestre de 2025. En términos concretos, se trata de incorporar casi 4,788 megawatts adicionales al cierre del sexenio.
La cifra contrasta con la trayectoria histórica del sector. Hasta el cierre del primer semestre de 2025, la capacidad instalada bajo este esquema alcanzó 4,751 megawatts, los cuales se desarrollaron entre 2008 y 2025, es decir, a lo largo de 17 años. El reto, entonces, es concentrar en cuatro años lo que tomó más de una década y media construir.
De acuerdo con el Programa Sectorial de Energía 2025-2030, publicado recientemente por la Sener, la apuesta por la generación distribuida, también conocida como “paneles en techos”, se divide en dos grandes objetivos. El primero es alcanzar la duplicación hacia 2030, y el segundo, de 2031 a 2039, busca llegar a una capacidad acumulada total de 14,432 megawatts.
La estrategia no se plantea de manera aislada. El Plan de Expansión CFE 2025-2030 contempla impulsos al desarrollo de energías limpias desde fuentes como la fotovoltaica y la eólica, pero también pone énfasis en el reforzamiento de las redes eléctricas de transmisión y distribución, condición clave para inyectar excedentes de energía a la red sin comprometer la confiabilidad del sistema.

En ese equilibrio, la generación distribuida aparece como un alivio operativo. Aunque se trata de instalaciones pequeñas en comparación con las grandes centrales, su efecto agregado permite reducir presión sobre la infraestructura, particularmente en zonas urbanas con alta demanda residencial y comercial.
Sin embargo, el comportamiento reciente del sector no ha sido lineal. La última estadística de generación distribuida publicada por la Comisión Nacional de Energía señala que, al cierre del primer semestre de 2025, los paneles en techos perdieron dinamismo en comparación con años previos, aunque se espera una recuperación en el corto plazo.
Parte de ese freno se explica por factores institucionales. La desaparición de la Comisión Reguladora de Energía y los ajustes legales y regulatorios derivados de la reforma energética de 2024 generaron un periodo de incertidumbre que impactó directamente en la toma de decisiones de usuarios e instaladores.
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