Un cilindro sumergido, un eje y el empuje constante del mar. Esa es la base de un nuevo sistema desarrollado por un ingeniero español que transforma vibraciones naturales en energía aprovechable. La clave no está en girar más rápido, sino en dejar que el agua haga su trabajo.
El mar se mueve sin pausa. Las corrientes avanzan, retroceden y vuelven a empujar con una regularidad que resulta tan fascinante como difícil de aprovechar. A pesar de su potencial energético, capturar esa fuerza sigue siendo uno de los grandes retos de las renovables.
La mayoría de las tecnologías actuales intenta imitar la lógica del viento: hacer girar turbinas. Pero un investigador español decidió mirar el problema desde otro lugar.
¿Y si no hiciera falta girar nada?
Cuando las vibraciones dejan de ser un problema
El sistema desarrollado por Francisco Huera, investigador del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universitat Rovira i Virgili, parte de un fenómeno bien conocido en ingeniería de fluidos. Cuando una corriente rodea un cuerpo cilíndrico, se forman remolinos alternos que generan oscilaciones periódicas.
Ese movimiento suele considerarse una amenaza para puentes, plataformas y estructuras marinas. Produce fatiga, desgaste y fallos estructurales. En lugar de combatirlo, el nuevo enfoque propone aprovecharlo.
El dispositivo consiste en un cilindro sumergido que cuelga de un eje y se mueve como un péndulo al interactuar con la corriente marina. Cada oscilación genera energía mecánica que puede transformarse posteriormente en electricidad.
No hay palas. No hay engranajes bajo el agua. Solo balanceo.

Uno de los grandes diferenciales del sistema está en su arquitectura. Bajo el agua permanece únicamente el cilindro, mientras que el eje, las transmisiones y el generador pueden situarse fuera del entorno marino.
Esta decisión técnica reduce de forma notable dos enemigos clásicos de la energía oceánica: la corrosión y la acumulación de organismos marinos. Menos componentes sumergidos implican menos mantenimiento, mayor vida útil y una instalación potencialmente más flexible. Incluso se abre la puerta a plataformas flotantes en superficie, sin necesidad de complejas infraestructuras submarinas.
Frente a las turbinas mareomotrices tradicionales —con numerosos elementos móviles bajo el agua—, el péndulo propone una solución más simple y menos expuesta.
Qué revelaron las pruebas
El sistema fue evaluado en el canal hidráulico del laboratorio de interacción fluido-estructura de la universidad catalana. Sensores de alta precisión midieron el ángulo de oscilación del cilindro, mientras un freno electromagnético permitió cuantificar la potencia mecánica obtenida bajo distintas velocidades de corriente.
Los resultados mostraron coeficientes de potencia cercanos al 15%.
No es una cifra espectacular si se compara con turbinas marinas altamente optimizadas, pero el interés del proyecto no reside solo en la eficiencia. El equilibrio entre rendimiento, simplicidad estructural y reducción de costes aparece como su principal fortaleza.
Dónde podría tener sentido
El estudio, publicado en Journal of Fluids and Structures, señala que el sistema encaja especialmente bien en corrientes mareomotrices, caracterizadas por su regularidad y previsibilidad.
También podría adaptarse a ríos con caudal estable o a zonas donde el flujo continuo permita mantener la oscilación sin interrupciones bruscas. No se trata de energía infinita en sentido literal, sino de una fuente constante, basada en un movimiento natural que el océano repite sin descanso.
Un péndulo que no lucha contra el mar, sino que se deja llevar por él. Y que, con cada balanceo, recuerda que a veces la innovación no consiste en añadir complejidad, sino en aprender a escuchar cómo se mueve el agua.
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