El país impulsa una de las mayores infraestructuras de almacenamiento energético del mundo diseñada para durar 150 años.
Australia avanza en uno de los proyectos energéticos más ambiciosos de su historia. Se trata de Snowy 2.0, una enorme central hidroeléctrica subterránea que se está construyendo a 800 metros bajo tierra en las Montañas Nevadas de Nueva Gales del Sur y que aspira a convertirse en una pieza clave para la transición energética del país. El proyecto está liderado por Snowy Hydro y supone una de las mayores apuestas de Australia, tradicionalmente muy dependiente del carbón, para reforzar la estabilidad de su red eléctrica y acelerar la integración de energías renovables.
Nueva era eléctrica
La infraestructura, concebida como una gigantesca “batería de agua”, utilizará cuatro tuneladoras de gran tamaño para excavar una compleja red de galerías que conectarán los embalses de Tantangara y Talbingo. Cuando entre en funcionamiento, la instalación contará con una capacidad de 2.200 megavatios y podrá almacenar hasta 350 gigavatios hora de energía, suficiente para abastecer a tres millones de hogares durante una semana.
Snowy 2.0 se basa en el sistema de bombeo reversible, una tecnología que permite almacenar energía sobrante de fuentes como la solar o la eólica. Su funcionamiento se basa en que cuando la demanda eléctrica es baja y sobra producción renovable, el agua se bombea hacia el embalse superior, y cuando la demanda aumenta, esa agua desciende y mueve turbinas para generar electricidad.
Este modelo convierte a la central en un enorme sistema de almacenamiento, algo fundamental para compensar la intermitencia de las energías limpias. A diferencia de las baterías químicas, el sistema hidráulico permite reutilizar el agua una y otra vez durante décadas. De hecho, Snowy 2.0 ha sido diseñada con una vida útil estimada de 150 años, lo que la convierte en una infraestructura pensada para varias generaciones y un activo estratégico de largo plazo para la seguridad energética australiana.
El túnel ‘imposible’
Uno de los grandes protagonistas de la obra es Monica, la cuarta tuneladora incorporada al proyecto. Esta gigantesca máquina trabaja en la perforación de un túnel de aducción de 9,9 metros de diámetro que conectará el embalse de Tantangara con la central subterránea. El reto técnico es enorme ya que la tuneladora debe atravesar la compleja Long Plain Fault Zone, una formación geológica especialmente complicada por su inestabilidad y dureza.
Pero no solo la excavación ha supuesto un desafío, el traslado de las piezas necesarias para montar Monica ha sido una operación logística de enorme complejidad. La más espectacular fue la del cabezal de corte, la pieza que perfora la roca y que consta de un bloque central de 137 toneladas y siete metros de diámetro que tuvo que viajar desde el puerto de Port Kembla hasta la zona de obra.
Para moverlo fue necesario un convoy especial de 73 metros de largo y 152 ruedas, en una operación nocturna que requirió meses de planificación, cortes de tráfico y coordinación entre diferentes equipos técnicos. El cabezal completo tuvo que dividirse en cinco partes para poder ser transportado por carretera a través de zonas montañosas hasta el punto de ensamblaje. Si cumple los plazos previstos, esta enorme central subterránea podría convertirse en una referencia mundial de ingeniería y en uno de los pilares del futuro energético australiano.
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