La caída en pozos productores y equipos disponibles revela los límites operativos de Pemex para alcanzar y sostener la meta petrolera en los próximos años.
La meta de producción petrolera de 1.8 millones de barriles diarios, planteada como eje de la autosuficiencia energética, enfrenta un obstáculo cada vez más visible en Pemex: la reducción sostenida en el número de pozos en operación y en la capacidad de perforación disponible en el país.
Datos de la petrolera estatal muestran que, en el tercer trimestre de 2024, Pemex contaba con 6,395 pozos en operación, mientras que para el mismo periodo del año en curso la cifra se redujo a 5,832. La caída de 8.8%, equivalente a 563 pozos menos, limita la posibilidad de sostener niveles de producción elevados en el corto y mediano plazos.
El ajuste es aún más evidente en los pozos productores de petróleo crudo. Entre julio y septiembre del año pasado estaban en operación 3,822 pozos, pero en el mismo trimestre de este año la cifra descendió a 3,489, una reducción de 8.7%, es decir, 333 pozos menos aportando barriles al sistema productivo de la empresa.
En el caso del gas natural no asociado, la tendencia es similar. Pemex pasó de tener 2,573 pozos operativos en el tercer trimestre del año pasado a 2,343 en el mismo periodo del año en curso, lo que implica una disminución de 8.9% y reduce la flexibilidad operativa de la empresa en un segmento clave para el suministro energético.
Menos pozos, menor capacidad productiva
La menor cantidad de pozos en producción se combina con un retroceso en los equipos de perforación disponibles, lo que complica la incorporación de nuevos desarrollos. En el tercer trimestre de 2024 se reportaban 53 equipos de perforación en el país, de los cuales 18 eran para exploración y 35 para desarrollo.
Para el mismo lapso de 2025, el número de equipos cayó a 32, con apenas seis destinados a exploración y 26 a desarrollo. Esta contracción reduce la capacidad de Pemex para compensar el declive natural de los campos maduros y sumar nuevos pozos productivos.

Aunque Pemex ha logrado disminuir algunos costos operativos, la presión financiera persiste. En sus costos de ventas, la empresa reconoce un incremento en los gastos de exploración y en pozos no exitosos por 5,800 millones de pesos, un reflejo del mayor riesgo y menor margen de maniobra en sus actividades aguas arriba.
El contexto productivo contrasta con el desempeño observado durante el sexenio del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, periodo en el que se promedió una producción de hidrocarburos de 1.8 millones de barriles diarios. En la práctica, esa cifra ha venido a la baja y no logra superar los 1.6 millones de barriles diarios entre petróleo crudo y condensados.
Presión financiera y reservas en declive
La distancia entre la meta y la realidad operativa se amplía si se consideran las reservas. La propia Secretaría de Energía ha reconocido que entre 2018 y 2024 las reservas petroleras cayeron de manera considerable, una situación que calificó como “preocupante” y que evidenció la necesidad de estrategias más efectivas en exploración, según informó Expansión en octubre.
A esta presión estructural se suma la crisis financiera de Pemex, que ha impactado directamente en la cadena de proveeduría. Las deudas con proveedores y contratistas han limitado la disponibilidad de equipos y servicios, afectando el ritmo de perforación y mantenimiento de pozos.
Un ejemplo es el de Perforadora Pemsa, subsidiaria de Grupo México, que en su más reciente reporte trimestral informó que sus utilidades cayeron 55%. Entre los factores que explican este resultado está la detención de operaciones de cuatro de sus seis plataformas de perforación, derivada de los impagos por parte de Pemex.
La menor actividad en perforación no responde únicamente a decisiones técnicas, sino a restricciones financieras más profundas. David Rosales, socio de Elevation Ideas, explicó que la caída en las actividades de pozos petroleros de Pemex está directamente relacionada con la falta de recursos para invertir.
“No hay dinero y el precio del crudo no sube, entonces con precios tan bajos en términos reales, estamos en precios terribles, entonces no hay dinero que alcance para justificar el tener más pozos”, señaló Rosales al referirse al entorno económico que enfrenta la petrolera estatal.
Bajo este escenario, las decisiones de inversión se vuelven más selectivas. “Solo les queda invertir en pozos en aquellos casos donde los costos de producción sean menores que el precio al que podrías colocar el crudo en el mercado, entonces puede que estén esperando a que se resuelvan los temas de precios para poder destinar mayores recursos”, puntualizó.
Mientras tanto, la combinación de menos pozos, menor capacidad de perforación y restricciones financieras coloca a la meta de 1.8 millones de barriles diarios como un objetivo cada vez más complejo de alcanzar y sostener, en un contexto donde el tiempo y el declive natural de los campos juegan en contra de Pemex.
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