La industria espacial será el motor económico de la humanidad en pocas décadas. Elon Musk está calentando motores para atacar en todos los frentes, incluyendo la crucial minería de asteroides, pero es otra fantasía a largo plazo
Elon Musk no se conforma con vendernos satélites de internet, servicios de telefonía inexistentes, fantasías de servidores IA espaciales y planes lunares imposibles. El documento de oferta pública de venta del 20 de mayo de SpaceX anuncia de forma oficial que la compañía aeroespacial quiere incluir la extracción de recursos extraterrestres en su estrategia comercial.
El documento financiero afirma que «planean buscar operaciones de minería para extraer metales y otros recursos críticos de asteroides cercanos a la Tierra y del cinturón principal, proporcionando materias primas abundantes para las industrias espaciales y reduciendo la necesidad de lanzar masa desde la Tierra». Es otro nuevo brindis al sol de Elon Musk.
El mito del asteroide de oro macizo
Al contrario de lo que nos quiere hacer creer Musk, un estudio reciente de la Escuela de Minas de Colorado financiado por la empresa AstroForge, concluye que los cuerpos celestes compuestos enteramente de metal sólido son raros. Sin embargo, la investigación también revela que los asteroides ordinarios albergan depósitos suficientes para sostener una industria comercial viable.
El informe divide estos recursos en dos categorías económicas estrictas. Por un lado, los metales del grupo del platino, que son los únicos lo bastante valiosos y escasos como para justificar el inmenso gasto de traerlos de vuelta a la Tierra. Por otro, los metales estructurales como el hierro, el aluminio y el magnesio. Traer este último grupo a nuestro planeta sería una ruina financiera absoluta, pero extraerlos allí arriba permite a los contratistas eludir la tarifa logística de los lanzamientos orbitales. Actualmente, lanzar un kilogramo al espacio cuesta de 2.000 a 3.000 dólares. Lanzar materiales de construcción desde la superficie terrestre para construir infraestructuras orbitales es prohibitivamente caro.
Pero la minería espacial no se parece en nada a las excavaciones terrestres convencionales. Las rocas no tienen vetas densas de mineral, sino que los materiales valiosos están dispersos en proporciones microscópicas. Según el análisis de meteoritos físicos, la mayor concentración de platino se encuentra en unas estructuras llamadas pepitas de metal refractario, que miden apenas unos micrómetros y se ocultan principalmente en los inexplorados asteroides de tipo L.
Extraer y refinar estos materiales en gravedad cero es una pesadilla de ingeniería. «No es como la minería en la Tierra, donde buscamos mineral concentrado. La geología de los asteroides es muy diferente», apunta el doctor Nick Moskovitz, del Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona. Separar los metales base de sus estados oxidados exige procesos de altísimo consumo energético, como la electrólisis de regolito fundido. Esto crea un bucle logístico que hay que resolver cuanto antes: para construir la robusta red eléctrica que requiere el proceso, necesitas exactamente el mismo metal refinado que intentas extraer.
Otra promesa casi imposible
A principios de la década pasada, ‘startups’ pioneras en la minería espacial —como Deep Space Industries y Planetary Resources— quebraron en cuanto se evaporó su financiación inicial. «Es un modelo de negocio difícil. Costará miles de millones y podría ver beneficios dentro de 50 años», explica Moskovitz. No será diferente para Musk.
Tampoco es imposible. Todavía tardarán muchas décadas, pero ya están poniendo las primeras piezas en el tablero. «La diferencia esta vez es que realmente estamos viendo empresas llegar al espacio y lanzar plataformas para probar la tecnología», dice Moskovitz.
Se puede hacer, sí. Pero no en una línea de tiempo que sea compatible con la vida de cualquier inversor en bolsa y la generación siguiente.
Por: Jesús Díaz
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