Editorial

admin 17 noviembre, 2017 0
Editorial

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Si bien, los cambios logrados por la reforma energética pueden mejorar el desempeño del sector petrolero en México, es poco probable que se recupere el nivel de extracción que se tenía en 2004 debido a las condiciones de madurez de sus grandes yacimientos, al avanzado estado de explotación de las provincias petroleras mexicanas y a que, hasta el momento, no se han concretado hallazgos importantes en los recursos prospectivos ni en las reservas 3P.

No es coherente pensar que se podrá reemplazar la enorme producción de los grandes yacimientos del siglo pasado por la de pequeños campos que son más complejos de explotar, aunque la tecnología ha avanzado, es cierto que la forma fácil de extraer petróleo se ha terminado. Las energías limpias seguirán ganando terreno conforme pase el tiempo, pero mientras exista petróleo, los gobiernos y las empresas buscarán la forma de sacarle provecho.

Un claro ejemplo de esto, es el caso de Estados Unidos y su Supremacía Energética, la cual está sustentada en la profundización de la revolución energética de dicho país, con el respaldo de la industria de los hidrocarburos para que ésta aumente su extracción y, en lo sucesivo, exporte su excedente.

La política de la Supremacía Energética implicaría la incorporación de todas las fuentes y tecnologías disponibles para promoverla, lo cierto es que, el papel de los combustibles fósiles será dominante. Conforme la producción siga aumentando y supere el consumo, Estados Unidos se convertirá en exportador neto de gas natural y posiblemente de petróleo.

Este reforzamiento del patrón energético fósil se observa tanto en los apoyos gubernamentales a la industria, como en el recorte al financiamiento a la Oficina de Eficiencia Energética y Energía Renovable del Departamento de Energía que propuso la Casa Blanca al pasar de dos mil 69 millones de dólares a 636 millones, una disminución del orden del 70 por ciento.

Los expertos señalan que una agenda tan agresiva sustentada en los hidrocarburos no convencionales y en carbón, en los tiempos del calentamiento global es simplemente irracional.

El sector energético sigue siendo uno de las industrias que más contribuyen en la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI), por lo que diversos gobiernos, como el de México, han incluido este tema en su política pública, con el fin de echar a andar diversas regulaciones ambientales que permitan contrarrestar los efectos del cambio climático.

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