Con su nueva capacidad instalada de GNL podrá comercializar la molécula hacia cualquier rincón del planeta, lo cual presionará los precios internacionales y terminará por impactar a México debido a nuestra elevada dependencia estructural
Las recientes crisis energéticas han dejado una lección que trasciende los mercados: garantizar el suministro de gas natural se ha convertido en un asunto estratégico para la seguridad económica y energética de cualquier nación. Así lo concluye el análisis de la Agencia Internacional de Energía (AIE) en su informe “Mecanismos de reserva de gas y opciones de flexibilidad: refuerzo de la seguridad del suministro de gas en un mercado mundial cambiante”, donde advierte que los mercados globales de este hidrocarburo son cada vez más complejos, vulnerables a factores geopolíticos y propensos a una mayor volatilidad.
La crisis provocada por la drástica reducción del gas ruso hacia Europa tras la invasión de Ucrania en 2022 y, más recientemente, las disrupciones en los flujos de gas natural licuado (GNL) a través del estrecho de Ormuz durante el conflicto de Medio Oriente en 2026, demostraron que una interrupción focalizada puede desatar consecuencias planetarias. La competencia por cargamentos limitados disparó los precios y, en escenarios críticos, ni siquiera garantizó el abasto físico.
Para los países importadores como México, esta coyuntura adquiere especial relevancia: la dependencia del combustible estadounidense convierte cualquier alteración en su producción, transporte o disponibilidad en un riesgo directo para el sistema eléctrico y productivo nacional. En este sentido, asegurar el suministro no puede limitarse a la suscripción de contratos de importación; exige infraestructura moderna, almacenamiento estratégico, capacidad de respuesta ante emergencias y, sobre todo, diversificación de fuentes.
De acuerdo con la AIE, las reservas físicas continúan siendo un pilar indispensable de la resiliencia energética. El almacenamiento subterráneo, los tanques de GNL y las terminales flotantes operan como un seguro efectivo frente a eventuales cortes; sin embargo, no bastan por sí solos si no se acompañan de mecanismos de intercambio de cargamentos y reservas estratégicas coordinadas.
En el plano geopolítico, el desafío cobra una dimensión crítica. Washington no solo es el proveedor casi exclusivo de México, sino también el mayor productor mundial de gas y líder indiscutible en capacidad de exportación de GNL. Sus volúmenes de producción y venta continúan en ascenso. Conforme al reporte de la AIE, se prevé que la capacidad estadounidense de licuefacción crezca sensiblemente, al pasar de unos 150 mil millones de metros cúbicos (bcm) a finales de 2025 hasta superar los 350 bcm hacia los primeros años de la década de 2030.
El mensaje de fondo es contundente: nuestro vecino del norte dejará de vernos como el destino cautivo de sus excedentes de producción. Con su nueva capacidad instalada de GNL podrá comercializar la molécula hacia cualquier rincón del planeta, lo cual presionará los precios internacionales y terminará por impactar a México debido a nuestra elevada dependencia estructural.
Frente a este escenario, la lección para nuestro país es inaplazable: incrementar la producción nacional, desarrollar almacenamiento estratégico y robustecer la red de transporte resultan pasos obligados para mitigar la vulnerabilidad y anticiparnos al futuro. Mantener una concentración casi absoluta en un solo proveedor foráneo deja a México permanentemente expuesto a contingencias fuera de su control.
Por Manuel Rodríguez González
EEZ
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