El mundo está viviendo una serie de cambios a velocidad vertiginosa, ligados a la transformación tecnológica. El dinero en efectivo es cada vez menos utilizado y está siendo sustituido por herramientas digitales, como la tecnología contactless que permite hacer pagos con sólo acercar un teléfono móvil a cualquier terminal bancaria. Actualmente los autos autónomos cero emisiones son también una realidad que no se imaginaba hace 20 años. La forma de obtener energía está evolucionando, pasando de la producción de energía mediante fuentes no renovables a renovables, ya que los combustibles fósiles y la energía nuclear están siendo reemplazados por energías como la solar o la eólica. 

Según el Banco Mundial, en los últimos 25 años la producción global de electricidad a partir de petróleo pasó del 8.8 por ciento al 3.28 por ciento. Asimismo, la producción mundial de energía por medio de fuentes nucleares pasó del 17.4 por ciento al 8.1 por ciento. En contraste, la generación a través de fuentes renovables en el mundo (excepto la hidroeléctrica) ha incrementado de 151.5 mil millones de kilovatios/hora a 1.6 billones de kilovatios/hora. 

Bajo este contexto, puede verse el ritmo de crecimiento paulatino que la energía solar fotovoltaica está experimentando en los últimos años, debido a su redescubrimiento como fuente inagotable de energía, disponible en todo el planeta y protagonista de generar un menor impacto ambiental. De acuerdo con especialistas del Instituto Fraunhofer de Sistemas de Energía Solar, cada hora el sol arroja sobre la tierra más energía de la que se requeriría para colmar las necesidades globales de un año completo. Por su parte, la Unión de Científicos Preocupados (UCS, por sus siglas en inglés) sostiene que tan solo 18 días de irradiación solar sobre la tierra contienen la misma cantidad de energía que la acumulada por todas las reservas mundiales de carbón, petróleo y gas natural. 

Es indudable que la energía solar fotovoltaica ofrece un aspecto fundamental para la integridad del entorno que rodea al ser humano, en contraposición con los sistemas tradicionales de generación no renovables. Los combustibles fósiles necesarios para la operación de las centrales térmicas son un recurso limitado, además de que emiten una gran cantidad de gases de efecto invernadero. Otro caso son las centrales nucleares, que generan una gran cantidad de residuos altamente contaminantes y tienen altos costos de operación y mantenimiento. Además, mantienen un potencial riesgo de accidente nuclear por filtraciones o escape de los productos radiactivos concentrados en el núcleo de su reactor, tal y como ocurrió en Chernóbil, Ucrania donde el error humano jugó un papel importante; o en la planta de Fukushima en Japón, donde un desastre natural fue el causante de la liberación de contaminantes nucleares al medioambiente. 

La energía solar fotovoltaica goza de numerosos beneficios que la sitúan como una de las más prometedoras del mundo, sobre todo por el avance y la innovación tecnológica para la construcción de proyectos solares que permiten controlar cada detalle del desarrollo de un parque fotovoltaico, desde su diseño y suministros hasta la posición exacta de cada panel. 

En México, por ejemplo, Prodiel ha construido parques fotovoltaicos con paneles bifaciales, rastreadores y equipos de automatización. El país se encuentra dentro del cinturón solar, junto a otras naciones que reciben una mayor cantidad de radiación fotovoltaica. Actualmente cuenta con 44 parques solares, teniendo como referente el parque fotovoltaico Villanueva, en el municipio Viesca del estado de Coahuila; este parque solar es el más grande del país y de América, con capacidad para cubrir la necesidad energética anual de 1.4 millones de hogares mexicanos. Por lo tanto, México debe continuar con la tendencia de crecimiento en este sector que es seguro, sostenible, eficiente y de bajo costo.