Mientras los centros de datos disparan la demanda eléctrica, los microrreactores nucleares surgen como alternativa limpia y constante, aunque su adopción enfrenta barreras regulatorias, sociales y políticas en el país.
Para 2030, los centros de datos de todo el mundo consumirán casi tanta electricidad como la que consumió India en 2023, según el Fondo Monetario Internacional y es por ello que la infraestructura de Inteligencia Artificial está en busca de generar energía limpia para continuar con el crecimiento industrial y los microrreactores nucleares surgen como una posibilidad.
¿Qué son los microrreactores nucleares y cómo funcionan?
Los microrreactores nucleares son una versión muy pequeña y portátil de los reactores nucleares de fisión. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés), estos son “reactores nucleares diseñados para generar electricidad a potencias típicamente de menos de 10 MW eléctricos” y forman parte de una categoría aún menor dentro de los reactores modulares pequeños (SMRs).
En términos de escala, los “microrreactores generan menos de 10 MW(e) y tienen huellas físicas mucho menores que los reactores nucleares convencionales”, lo que los hace potencialmente aptos para comunidades remotas, bases militares o aplicaciones industriales aisladas.
Su funcionamiento se basa en los mismos principios básicos de un reactor de fisión, es decir, “utilizan el calor de una reacción nuclear para hervir agua, creando vapor que luego impulsa una turbina para generar electricidad”, según explica la IAEA.
Aunque su tamaño es mucho menor, siguen incorporando elementos típicos como combustible nuclear, moderadores y sistemas de enfriamiento, y en muchos diseños las características físicas y de seguridad están simplificadas para permitir operación autónoma, con largos periodos entre recargas de combustible y menores requerimientos de infraestructura.
Eso sí, su menor capacidad permite su implementación en entornos donde las plantas grandes pueden no ser prácticas, como comunidades remotas, conglomerados industriales o regiones con pequeñas redes eléctricas, además de que pueden operar continuamente 24/7, lo que los convierte en una opción a considerar para alimentar centros de datos enfocados en IA.
El camino de los microreactores nucleares en México
Hace un par de semanas, la empresa mexicana Bleeding Edge Technologies firmó un acuerdo con la estadounidense Hadron Energy para trazar una ruta de evaluación técnica y regulatoria con el fin de desplegar microrreactores nucleares modulares de 10 megawatts en México, América Latina, Norteamérica y Europa.
Esta alianza busca explorar cómo estos dispositivos pueden alimentar las llamadas «AI Factories», que son ecosistemas diseñados específicamente para el procesamiento masivo de datos que requieren un suministro eléctrico ininterrumpido, algo relevante para Natan Rosengaus, director general de Bleeding Edge, pues mientras la industria de la IA avanza a nivel global, también necesita hallar mejores formas de construir sistemas energéticos alrededor de esta infraestructura.
«La energía nuclear, que es la energía más limpia que existe, es una excelente opción, en especial pensando en el crecimiento y en el futuro de la industria», comenta en entrevista con Expansión. El objetivo de la empresa, entonces, es reservar capacidad para que cuando haya autorización gubernamental se adquieran los microrreactores de Hadron y se implementen en los más de 30 centros que tiene en el país.
Según la explicación de Rosengaus, los microrreactores se pueden instalar a un costado de los Centros de Datos y transportarse en tractocamiones por su tamaño. Con ellos, se abre la posibilidad de suministrar energía hasta por varios años de forma continua.
El modelo propuesto por Hadron Energy ofrece una potencia de 10 MW, capacidad que puede sostener operaciones críticas de infraestructura por periodos de entre 10 y 15 años. Sin embargo, para poner en perspectiva esta potencia, Rosengaus detalla que el entrenamiento del primer modelo de GPT, hace un par de años, requirió aproximadamente esa misma cantidad de energía.
Actualmente, el mercado necesita de mayor infraestructura energética, pues la industria de la IA se divide ahora en dos grandes vertientes. Por un lado, el entrenamiento de modelos, que ya demanda más de 100 MW, y la inferencia, que es el uso cotidiano de la IA por parte de empresas y usuarios.
Para Rosengaus, la meta es lograr una infraestructura distribuida para garantizar un acceso eficiente y rápido a la tecnología, pero respecto a la implementación en México, el lugar exacto para estos microrreactores aún no se define, comenta, pues depende totalmente de la evolución de las leyes locales.
“El despliegue efectivo de esta tecnología estará estrictamente sujeto a la obtención de las licencias y autorizaciones regulatorias correspondientes, tanto por parte de las autoridades de Estados Unidos —país de origen de la tecnología— como de los organismos competentes en cada jurisdicción nacional donde se proyecte su operación”, asegura la compañía.
Rosengaus agrega que el principal obstáculo no es solo técnico, sino social, pues existe una necesidad imperante de transformar la percepción pública sobre lo que significa la energía nuclear hoy en día.
«Hace falta mucho un poco culturalmente este cambio en la percepción de la energía nuclear, que realmente es una energía muy noble”, apunta en referencia al rechazo de la sociedad por accidentes que marcaron la historia de la humanidad, como Chernóbil o Fukushima.
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